Los habitantes de los sueños lúcidos

Éste es uno de mis temas favoritos, y probablemente mi pasatiempo preferido en mis sueños lúcidos actualmente. Suele ser lo que hacemos todos una vez superada la fase de la diversión y del placer.

Estoy hablando de interactuar con las personas, animales, o seres en general que pululan por tus sueños. Lo normal es que estos personajes de tus sueños aparezcan en forma de personas, ya sean conocidas o desconocidas, pero no siempre es así, y podrás entablar conversaciones de toda índole con seres que quizás sólo habitan en tu imaginación, dentro de ti. Esto es parte de la magia.

Estos personajes, como todo el escenario que son tus sueños, son una creación de tu mente, pero el hecho es que cuando interactúas con ellos, parecen tener vida propia. Seguro que has tenido muchos sueños en los que has tenido una conversación perfectamente normal con alguien. Pero ese “alguien” es tan parte de ti como tú mismo. No tengo ni la menor idea de cómo el cerebro es capaz de simular una inteligencia diferente a la suya misma dentro de un sueño. Y no sé si quiero saberlo, de alguna forma sería como matar esa magia inherente a los sueños.

Todavía hoy, después de cientos de sueños lúcidos, me sigo maravillando cuando tengo una conversación con alguien, mirándole a los ojos, escuchando sus sorprendentes exposiciones, viendo sus gestos. En efecto es como si los personajes de los sueños tuvieran vida propia, tuvieran inteligencia propia. O casi.

Seamos sinceros, no todas las personas en los sueños tienen comportamientos tan naturales. La verdad es que en muchas ocasiones parecen marionetas, cáscaras sin alma y sin inteligencia. Más de una vez he intentado ver a alguien, personas de algunos momentos de mi vida, y no he conseguido ni que me miraran a los ojos, y sólo han podido contestarme respuestas absurdas, como si estuvieran drogados o borrachos. Son cosas que pasan.

Pero otras muchas veces no es así, otras veces puedes escuchar la respiración de otra persona, ver el brillo en los ojos, escuchar sus agudos comentarios, sus chistes que no has oído nunca… De hecho, una de las cosas que más me maravillan de los sueños lúcidos es esa capacidad de sorprenderte a ti mismo. La mayor parte de las veces que me he despertado realmente fascinado, sorprendido, emocionado, después de un sueño lúcido, ha sido después de estar con alguien en el sueño. No tengo palabras para describir esa sensación de haber estado con alguien en un sueño, con el único propósito de estudiar su “independencia”, su consciencia, su forma de pensar, y no poder… no poder… ah, no tengo palabras, no sé cómo explicarlo.

Esta capacidad del cerebro de simular otras consciencias es probablemente lo que más me maravilla de los sueños lúcidos. Me parece increíble y fascinante que algo así sea posible. Una cosa es lanzar una pregunta al viento y recibir una respuesta de tu subconsciente, y otra simular a una persona, tanto externamente como internamente.

Te propongo como experimento que el próximo sueño lúcido que tengas lo dediques solamente a hablar con alguien, a la primera persona que aparezca, y te fijes en su capacidad de raciocinio, su inteligencia, su forma de hablar y de mirarte a los ojos. Hazle preguntas intentando descubrir si realmente es un ser independiente o si es parte de ti. Ya te aseguro que sus respuestas te van a sorprender.

Personalmente pocas veces he encontrado productivo intentar convencer a alguien dentro de mis sueños de que no es real, de que es parte de mi y que le estoy creando yo mismo. Por alguna razón la mayor parte de las veces no tiene buen resultado, y estas personas pueden sentirse ofendidas o simplemente desaparecer. Desde mi experiencia te recomiendo que las trates como tratarías a una persona normal, y disfruta de la conversación. Obviamente no tienes por qué tratarles como si fueran desconocidos, no hace falta que pierdas el tiempo hablando del tiempo con ellos… si tienes preguntas directas, hazlas.

¿Hacemos una especie de top 10 de preguntas para hacer a los habitantes de los sueños? Quizás las preguntas no parecen tan buenas, pero las respuestas que se pueden recibir con ellas son geniales (y absurdas otras veces).

  • ¿Qué haces aquí?
  • ¿A qué has venido?
  • ¿Quién eres?
  • ¿Cómo te llamas?
  • ¿Qué es lo que más te gusta hacer?
  • ¿Qué estás buscando?
  • ¿Estás contento?
  • ¿Estamos solos aquí?
  • ¿Me has echado de menos?
  • ¿Te gusta estar vivo?
  • ¿Cuántos años tienes?
  • ¿Cuánto es 57×89?
  • ¿Por qué el pollo cruzó la carretera?

Las dos últimas parecen absurdas, pero más de una vez me he despertado muerto de risa con la respuesta. Tanto que mi mujer se ha asustado. Que alguien me cuente si existe una mejor forma de empezar el día.

No te fijes solamente en el contenido de las respuestas, sino en la forma en que son dadas. La diferencia entre una respuesta profunda y una cómica puede estar simplemente en el tono, no en el contenido. Otras veces la diferencia está en el contexto. Alguna vez mientras tenía una conversación con alguien se ha empezado a escuchar una preciosa música de fondo que le ha dado a la conversación un aire cinematográfico que nunca ocurre en la vida real. Este tipo de sueños son en este momento de mi vida los más queridos para mi, y los que más disfruto leyendo en mis viejos diarios de sueños. No sólo son un placer mientras los tengo y en los días siguientes, sino que en muchos casos son una fuente de inspiración y de felicidad.

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