Supera tus miedos en los sueños lúcidos

Todos hemos tenido miedo a algo alguna vez. Todos tenemos algún amigo que no quiere subirse a un avión, o a la montaña rusa. Hay quien huye de las arañas. Y también están los miedos sociales. El miedo al primer beso, a hablar en público, a hacer el ridículo…

Es todo natural y sano hasta un cierto límite, hay personas que lo pasan realmente mal, con sudores, aceleraciones del ritmo cardíaco, etc. En estos casos y si la situación es angustiosa, es recomendable consultar a un especialista médico, que nos ayudará sin duda, pues hay métodos para superar estas fobias.

En mi caso el miedo que tenía cuando era pequeño no era tan claro, pero estaba ahí. Era más un miedo a lo desconocido, que para mí estaba representado por los callejones por la noche. El miedo a que una persona o un grupo de personas con malas intenciones pudiese atacarme por la noche y no pudiera escapar. Creo que en mi caso conseguí paliar este miedo (en buena parte infundado) gracias a los sueños lúcidos.

En la práctica profesional, uno de los tratamientos más habituales utilizados consiste en imaginarnos a nosotros mismos con la mayor precisión posible dentro de la situación causante de nuestro miedo y familiarizarnos con ella poco a poco. Por ejemplo, si nos dan miedo las alturas, nos imaginamos a nosotros mismos en pisos cada vez más altos, sabiendo que estamos seguros. Después consiste en hacer este mismo ejercicio en la vida real, gradualmente, para familiarizarnos con la situación y descubrir que en efecto podemos enfrentarnos a ella. Un afrontamiento directo puede ser útil en el caso de los miedos leves, en el caso de los graves podría empeorar la situación.

El problema principal de este tipo de terapia, es que si durante una temporada dejamos de enfrentarnos al objeto causante de la fobia, sus efectos tienden a diluirse, y reaparecen los miedos anteriores.

Los soñadores lúcidos tenemos suerte en este sentido, podemos utilizar los sueños para jugar con nuestros miedos, y enfrentarnos a ellos tantas veces como queramos sin ningún estrés ni presión.

Acercándome a mis sombras.

Así lo hice yo en mi caso. Este miedo a los lugares oscuros lo tuve con mayor grado durante mi época en el instituto, en la adolescencia, cuando más estaba investigando y jugando con los sueños. En uno de mis sueños lúcidos aparecí en un callejón largo pero estrecho, frío y oscuro. Al final de él pude apreciar unas sombras. No lo había planeado, pero en ese momento, consciente de estar dentro de un sueño, y por ello durmiendo tranquilo en mi cama, decidí enfrentarme a mis monstruos. Tengo que decir que no me resultó fácil, ni intenté hacerlo de forma gradual. Decidí acercarme a las sombras. El realismo de la situación era absoluto. Podía oír mis propios pasos, los cuchicheos de las sombras humanas a las que me acercaba, el viento frío en la cara y su sonido… Estaban hablando de mi, no entendía las palabras pero podía sentirlo. Me acerqué muy lentamente, por un momento dudé… Pero finalmente decidí llegar hasta el fondo. Sabía que aunque la situación se sentía real en todos los aspectos, no lo era, era un producto de mi mente, estaba serenamente dormido. Me acerqué a una de las sombras un poco más, percibí que se daba la vuelta y me miraba. Pero no tenía rostro, seguía siendo solo una sombra. Me acerqué más, y más. A estas alturas estaba decidido, sabía que todo era fruto de mi mismo cerebro, es lo único que me daba valor, pero aun así era aterrador. Finalmente, cuando mi rostro estaba a menos de un palmo de la sombra, me detuve… No tenía cara, era solo… negro. El vacío. Respiré un par de veces despacio, profundamente, como desafiando a la sombra. Y cuando supe que había vencido, seguí caminando, atravesando la sombra como si fuera humo, y al hacerlo el callejón se desvaneció, y aparecí poco a poco en un campo de trigo y lleno luz y de vida. Y me desperté.

La sensación de alegría con la que empecé el día es difícil de expresar. Desde entonces no volví a tener ese miedo a la noche, a lo desconocido. Ese miedo al peligro en sí. Y ahora esas mismas situaciones las vivo de forma diferente, como esperando que algo hermoso aparezca de la nada, y muchas veces lo hace. Ahora me encanta la noche, me gusta ver aparecer a gente de las sombras. Me encanta David Lynch. Y adoro las grandes ciudades, las noches en las ciudades son deliciosas. Tokyo, Moscú, Florencia. Los olores, los edificios en penumbra, las personas deambulando… es mágico.

No sé si esa pequeña “fobia” mía se hubiera ido sola sin aquel sueño lúcido, seguramente sí. Seguramente entonces yo era sólo un adolescente asustado. Pero aquel sueño no lo voy a olvidar nunca.

Como he dicho antes, si el miedo es una auténtica fobia, no recomendaría un ataque tan frontal pues sospecho que lo que pasaría es que las emociones nos harían despertarnos y perder el sueño, a no ser que seas un soñador lúcido con amplia experiencia. En ese caso yo utilizaría los sueños lúcidos del mismo modo de la imaginación se utilizaría en una terapia normal, pero con la ventaja del realismo que tienen los sueños. Y lo haría en varias sesiones también. Si en un sueño lúcido puedes subirte a un ascensor que te suba al primer piso, posteriormente lo podrás hacer hasta el noveno, y después repetir la experiencia en la vida real.

En un sueño lúcido además puedes sentir la tensión que hace crujir los cables de acero, oír el sonido del motor… Es mucho más real que la imaginación. La imaginación palidece ante nuestra capacidad de crear detalles en los sueños.

Hay múltiples fórmulas de afrontar el miedo gracias a los sueños lúcidos, solo tienes que tranquilizarte a ti mismo sabiendo que nada malo puede pasar puesto que estás en un sueño, estás durmiendo y es todo una “simulación”. Un juego, si quieres.

A partir de ahí, todo consiste en familiarizarte con la situación, jugar con las escenas. Por ejemplo, puedes entrar en el ascensor con tu actor favorito y darle un beso mientras vas por el quinto piso, no lo sé.

Explora, investiga, juega. Transforma un miedo en una diversión.

Ciertamente ésta es una razón más para aprender a tener sueños lúcidos. Es una herramienta fácil y segura. En el caso de que no funcione, contacta con un especialista. Es absurdo vivir el resto de tu vida atado a una fobia sin fundamento.

Por último, es posible que además de querer erradicar tus miedos, también quieras saber sus raíces o sus causas. En ese caso, una vez que estés en el sueño lúcido pregúntale al viento, al cielo, a alguien que pase por allí… pregunta cuáles son las causas de tus miedos. Seguramente recibirás una respuesta. Puede que te satisfaga o no, puede ser cierta o no, en cualquier caso te va a hacer reflexionar, es un ejercicio interesante…

Y no hay nada que perder.

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