La parálisis del sueño

La parálisis del sueño es un fenómeno muy curioso e interesante, y que es más común de lo que pudiera parecer: según las estadísticas más la mitad de la población lo ha sufrido alguna vez. Tiene muy mala fama, que está justificada pero no del todo. Eso sí, conviene saber qué es antes de llevarnos un verdadero susto.

Por la noche, mientras dormimos, el sistema nervioso desconecta la posibilidad de los movimientos musculares. ¿Por qué? Parece ser un sistema de protección para evitar que durante la fase REM representemos nuestros sueños en la realidad. Mientras estamos dormidos es efectivamente un método seguro para evitar accidentes, y así mientras perdemos la consciencia dormimos inmóviles y tranquilos. Pero a veces puede haber errores de sincronización, que pueden dos en función de cómo se produzcan:

  1. Antes de dormirnos, cuando el cerebro envía la señal de paralizar los músculos pero todavía no estamos inconscientes, es decir, justo antes de quedarnos dormidos.
  2. Justo después de dormir, esto es, recuperamos la consciencia, pero el cerebro no envía al resto del cuerpo la señal para permitir que los músculos se muevan. Éste es con diferencia el más común.

En ambos casos nos encontramos en la misma situación, estamos despiertos, pero físicamente paralizados. Si estás leyendo esto y no te ha pasado nunca, eres afortunado, cuando te pase sabrás inmediatamente la causa, podrás reconocer los síntomas y no deberías tener ningún problema. El cerebro después de un corto espacio de tiempo finalmente reacciona y o bien nos deja inconscientes (nos pone de nuevo a dormir), o nos devuelve el control muscular (nos despierta del todo). No hay nada de qué preocuparse. Esto es lo más importante que quiero transmitir en este mensaje. No hay nada de qué preocuparse cuando sucede la parálisis del sueño.

Lo que sentimos en estos casos es que estamos plenamente despiertos pero no podemos mover ninguna parte de nuestro cuerpo, ni las extremidades, ni la cabeza, ni la boca… no podemos hablar. El cuerpo sigue durmiendo, pero nada más.

Para los que lo hemos vivido esta experiencia antes de saber qué es y qué está sucediendo, es una experiencia aterradora. A mí la primera vez que me pasó era un niño, en esa época que empezaba a experimentar con los sueños lúcidos. Y pensé que ése era mi fin, pensé que me estaba muriendo, literalmente. Tan aterrador es la primera vez si no sabes lo que es, sí. Por una parte quieres moverte, haces esfuerzos primero pequeños y luego descomunales, pero no sucede nada. Intentas avisar a alguien, intentas gritar… tu boca no reacciona, ni tus cuerdas vocales, nada… y lloré…. paralizado… Se mezcla la desorientación por estar recién despierto y la sensación de estar perdido. La desesperación se apoderó de mi, y asumí que me estaba muriendo. Me volví a dormir llorando, no sé si unos segundos o una hora, y después me desperté normalmente, pero recordando la sensación de lo que había vivido. Ese día decidí dejar los sueños lúcidos, estaba convencido de que algo se había roto en mi cerebro por culpa de “despertarme dentro del sueño” como llamaba yo a los sueños lúcidos en aquel entonces. Y durante unas noches me costó dormirme porque pensaba que podría volver a suceder. ¿Y si me volvía a suceder y no me despertaba? Entonces no sabía qué era la parálisis del sueño y cuando me sucedió la segunda vez meses después vez fue mucho más corto y en unos segundos pude moverme.

En realidad experimentar la parálisis del sueño es algo muy poco probable comparado con la cantidad de veces que soñamos. Yo habré tenido episodios de este tipo unas 8-10 veces en toda mi vida, cuando aun no sabía cómo reaccionar. No es nada comparado con la cantidad de sueños lúcidos que he tenido , y muchísimo menos comparado con la cantidad de sueños normales. El porcentaje es ridículo.

Hay muchas personas que durante la parálisis experimentan cosas mucho más crueles creadas por sus propias mentes. Si se mantiene la parálisis corporal pero sólo un estado parcial de consciencia, pueden percibirse ensoñaciones… Y aquí está la clave de la cuestión. Al igual que en los sueños lúcidos, en los cuales se mezclan los pensamientos conscientes con los inconscientes, el devenir de los sueños viene guiado en una parte importante por nuestras propias expectativas. Es decir, si esperamos que algo tome una forma, la tomará. Por eso es posible tomar el control en los sueños lúcidos, y ésa es su gran ventaja. Y a su vez, ésta es la gran desventaja de la parálisis del sueño. Cuando la estamos viviendo, lo que esperamos es peor que malo. Esas expectativas negativas provocan a su vez que las visiones tomen una forma negativa del tipo de fantasmas malignos, sombras sin rostro que se acercan a nosotros, pequeños demonios que se ríen en nuestra cara, alienígenas que nos observan en silencio, extraños seres que pretenden atacarnos sexualmente… cualquier cosa malvada. Todo ello de una forma increíblemente real, y en un estado en el que movernos o gritar es físicamente imposible. Da miedo de verdad.

Ante este desfile de figuras, de ensoñaciones que nuestro cerebro es capaz de crear, es perfectamente normal que nosotros mismos pensemos una vez terminado el mal trago que hemos sido protagonistas de un viaje astral, de un momento mágico, de haber estado al borde de la muerte o incluso de haber estado en presencia de Satán…

A mí personalmente las explicaciones sobrenaturales no me parecen realistas. La explicación más razonable es que todas esas alucinaciones son producto de nuestra mente inconsciente cuando nuestra consciencia tiene expectativas negativas sobre el futuro, provocadas por la parálisis que a su vez está provocada por el desfase explicado anteriormente.

Es decir: Parálisis —> Expectativas horribles —> Ensoñaciones horribles

Mi experiencia me dice que en épocas de nuestras vida en las que estamos teniendo una mayor cantidad de sueños lúcidos, las posibilidades de vivir la parálisis del sueño aumenta. Pero hay múltiples causas, naturalmente. Por ejemplo puede darse debido a problemas de sueño, como falta de sueño (la epidemia en el siglo XXI), patrones de sueño irregulares, narcolepsia, o incluso por culpa del jet lag. Todo esto puede afectar a que estas “desincronizaciones” se produzcan.

Solución: Mantener la calma y aprovechar la circunstancia para disfrutar de un sueño lúcido.

Cuando antes he hecho la cuenta de los momentos de parálisis en toda mi vida, no he contado los que han terminado convirtiéndose en un sueño lúcido, sino los que o bien han terminado despertándome (la mayoría) o los que han terminado en un sueño normal.

Pero no hay razón para que termine así, en realidad no es tan difícil conseguir que una parálisis se convierta en un delicioso sueño lúcido. Estoy seguro de que todos los experimentados soñadores han usado estos momentos para conseguirlo y no les tienen mayor temor. Un ejemplo. En realidad lo único que hay que hacer es reconocer que nos encontramos en medio de la parálisis del sueño, mantener la calma porque sabemos que estamos seguros en nuestra cama, y en este punto ser conscientes de que estamos soñando y de que podemos hacer lo que queramos en el sueño. Es más sencillo de lo que parece.

Te pongo un ejemplo de una vez que me sucedió encontrarme en un momento de parálisis que recuerdo especialmente. Al principio fue bastante desagradable, sentía dolor en el pecho, y naturalmente no me podía mover. Al reconocer que estaba sufriendo la parálisis me tranquilicé, me mantuve así unos segundos y al saber que podía tener un sueño lúcido inmediatamente comencé a tener las visiones típicas de los sueños, desde mi cama. Todo lo que soñé lo soñé como si estuviera tumbado en mi cama, inmóvil. Al tener la expectativa de estar inmóvil, me mantuve inmóvil. Decidí, no sé por qué, que quería ver crecer una planta, a cámara rápida. Creció ante mis ojos, una enredadera, en la pared de mi habitación. Entonces decidí que quería ver el proceso inverso, invirtiendo el paso del tiempo, volver al principio. Y así lo hizo. Con una nitidez absolutamente perfecta. Después decidí que quería que me acompañara un gato pequeño, y apareció como una neblina encima de mi cuerpo en la cama, y en un segundo se convirtió en un gato blanco y marrón de carne y hueso. Yo seguía inmóvil, el gato comenzó a caminar sobre mi pecho, y se puso a arañarme con sus pequeñas uñas, y como me hacía daño decidí que le desaparecieran. Y así fue, y solo sus mullidas patitas me acariciaron entonces… y se tumbó en mi pecho y se durmió. Y en ese momento desperté, después de haber transformado una experiencia desagradable en un sueño bonito. Naturalmente ahora hubiera aprovechado mejor la lucidez, pero en aquel momento mi único objetivo era saber si es posible pasar de un episodio de parálisis del sueño a un sueño lúcido.

Después me ha vuelto a suceder muchas veces, y aunque nunca he tenido las visiones desagradables que tienen otras personas sí he oído ruidos desagradables. Como estar en una fábrica con sierras, golpes violentos, chirridos…

Siempre se termina igual, manteniendo la calma y asumiendo que es todo un sueño, un sueño lúcido.

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