Los límites de los sueños lúcidos

Dadas las inmensas posibilidades que se abren ante nuestros propios ojos durante los sueños lúcidos, cabe la posibilidad de preguntarse cuáles son los límites de los sueños lúcidos. Los sueños lúcidos tienen pocos límites, quizás uno o dos. Es más bien una cuestión de práctica.

El primer límite inevitable para todos nosotros es la duración máxima. Un sueño lúcido no puede durar 3 horas porque la parte REM del sueño no puede durar tanto, llega un momento en que el el cerebro y el cuerpo se despiertan normalmente y te dicen “venga, arriba, déjate que de aventurillas que tengo hambre y hay que ir a trabajar, no seas perezoso”.

El problema es que a no ser que tengas muchos años de práctica, lo más normal es que tengas un sueño lúcido pero aun así se te escape antes de tiempo. En estos casos, o bien te despiertas, o bien el sueño lúcido termina y entras en una de las fases de sueño profundo en las que los sueños normales sencillamente no se dan. El caso más habitual entre los principiantes es que se ponen nerviosos, se alteran, empiezan a temer que lo vayan a perder, y ésa es la receta más fácil para perder un sueño lúcido: temer que lo pierdes.

Y luego hay un caso más raro pero también muy frecuente, que es que estás dentro de un sueño lúcido, disfrutando de los acontecimientos, pero por alguna razón absurda llegado un punto se te olvida, y termina convirtiéndose en un sueño normal. Cuando me pasa me lo suelo tomar con sentido del humor… Me he despertado por la mañana muchas veces preguntándome a mi mismo cómo puedo ser tan tonto… Pero no pasa nada. Mañana tendré otro.

Lo dicho, el tiempo material dado por el sueño REM es el límite principal. Eso desde el punto de vista externo.

¿Y desde el punto de vista interno? Ahí tengo más dudas de que haya límites sobre lo que puedas conseguir. Por ejemplo, a veces recibo preguntas del tipo: ¿puedes crear cosas que no has visto antes? Sí, puedes, el cerebro es creativo, el número de elementos que tiene para crear es enorme, ciertamente finito, pero enorme en cualquier caso, y los juegos de combinaciones que puede hacer entre unas cosas y otras es tan asombroso que no me atrevo a cuantificarlo.

Te pongo un ejemplo, en cierta ocasión al principio de mis experimentos decidí que quería ver nuevos planetas, me propuse firmemente visitar un planeta que no existiera, sin especificar nada más. Me elevé en el aire como normalmente, y empecé a subir, a subir, dejando atrás los edificios, las nubes, todo. Y empecé a dejar atrás planetas, y estrellas. Quería ir lejos, no al primero que se me cruzara, pensaba que cuanto más lejos fuera más raro sería el planeta. Después de un poco vi uno que me pareció curioso y me acerqué. Era de color rosa, con zonas más claras y más oscuras. Suficientemente raro. Bajé con cuidado pero muy rápido, no suelo perder el tiempo en los sueños. Cuando puse los pies en la superficie ciertamente era muy extraña. Se hundía un poco, parecía elástico. Me agaché e intenté coger una piedra. No era una piedra, estaba blanda. La lancé y al caer rebotó pero no hizo ningún ruido. Me agaché otra vez, cuando iba a coger otra alguien se me acercó por la espalda. Era una chica. La miré, una chica normal. Hola, estoy intentando saber de qué es éste planeta. La respuesta me encantó. Es de chicle. Tenía sentido, cogí otra piedra rosa, y le di un bocado lo más grande que pude. En efecto, era de chicle, de chicle de fresa, y estaba delicioso. Intenté decirle lo bueno que estaba, pero tenía la boca llena. Sonrió y me dijo: si quieres bañarte aquí cerca hay un río. Un río de chicle. La idea me pareció tan genial que me puse a reír con la boca llena… y me desperté.

Con esto quiero decir que el cerebro puede sin duda producir cosas que no existen a partir de los elementos que ya tiene. Éste es un ejemplo muy malo, pero sirve. Algo así se podría imaginar, un planeta con ríos de chicle es algo imaginable.

Pero se puede dar un pasito más allá. ¿Podría el cerebro crear algo que no se puede imaginar? Aquí sale mi lado más escéptico. Muchas personas reportan que en sueños lúcidos están inmersas en situaciones de tal grandiosidad que trascienden la imaginación. Pero después de vivirlas pueden aproximadamente recordarlas, al menos pueden recordar vagamente la sensación, aunque no sea en su totalidad. Pero mi intuición me dice que los límites de la imaginación y de los sueños se encuentran en el mismo sitio, aunque no me puedo posicionar con seguridad. Estoy abierto al debate, y de hecho me gustaría escuchar opiniones de más gente que ha vivido cosas de este estilo, hasta ahora las que he encontrado no me han podido describir con palabras lo que han querido expresar.

A lo mejor ése es otro límite.

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