Observación y conciencia

Prácticamente nadie se para a pensar sobre su propia conciencia de forma profunda. Es algo que se da por hecho. ¿Quién soy? Yo. Caso cerrado. Los soñadores lúcidos tenemos la necesidad de pensarlo un poco más. La necesidad o la suerte, depende de cómo se mire.

La autoconciencia implica la observación de uno mismo para identificar nuestros estados internos y sus manifestaciones en el ambiente externo. Así reconocemos nuestros propios pensamientos, emociones y conductas durante nuestra vida cotidiana. En definitiva, somos conscientes de nuestra identidad y personalidad, separadas del resto.

Hay estudios demostrando que ciertos animales presentan autoconciencia. Se basan principalmente en comprobar si el sujeto se reconoce a si mismo en el espejo. No recuerdo cuántas especies tienen autoconciencia, pero son pocas, del orden de 6 o 7. Los seres humanos presentamos autoconciencia muy pronto, pero este conocimiento es en general superficial.

Para los sueños lúcidos sin embargo es algo fundamental, sólo cuando reconocemos que estamos dentro del sueño, que nada de lo que nos rodea está compuesto de materia, y que lo único que es cierto es que somos un individuo consciente capaz de manipular el entorno dentro del sueño es cuando alcanzamos plenamente la lucidez.

Curiosamente la primera vez que tenemos un sueño lúcido suele venir acompañado de un aumento de la intensidad de nuestro sentido de conciencia. De esta forma al ser conscientes de nosotros mismos en el sueño, después aumenta nuestra autoconciencia en la vigilia.

Ahora bien, a la inversa también es cierto, de modo que aumentar nuestra autoconciencia en la vigilia tiene efectos positivos una vez en el mundo de los sueños, porque además de producir un mayor número de sueños lúcidos, estos serán de mayor intensidad y duración.

Es evidente que si para tener un sueño lúcido es necesario ser conscientes de que estamos soñando, aumentar nuestro nivel de autoconciencia durante el día de forma general ayudará a alcanzar la lucidez.

Entrenar la autoconciencia es muy fácil a pesar de que no estamos acostumbrados.

Antes de conseguir tener conciencia de nosotros mismos deberíamos tener conciencia de lo que nos rodea. ¿Por ejemplo, cuándo fue la última vez que observaste con atención un objeto de la vida diaria? Si tienes sueños lúcidos de forma habitual, lo haces sin pensar. Por ejemplo, podrías observar atentamente una hoja de una planta durante varios minutos. Sin razón aparente. Consiste en observar con la mayor claridad posible cómo es esa hoja, con todos los detalles que puedas percibir. Mientras haces este ejercicio de observación te puedes plantear cómo sería observar una hoja en un sueño. ¿Tendría la misma forma, la misma textura? ¿Podría tu cerebro reproducir cada detalle, cada cambio de color, cada línea? ¿La luz que la rodea? ¿Cómo está suspendida en el espacio, por qué de esa forma particular y no de otra?

Este ejercicio de atención es muy importante para conseguir sueños lúcidos. Sospecho que cuando más lo hacemos es cuando somos niños, cuando todo es nuevo. Observamos la hoja aproximadamente como he descrito, la tocamos, la soltamos, nos la metemos en la boca, la miramos atentamente… Y una vez que sabemos cómo son las hojas, no las volvemos a mirar. Perdón a los jardineros y arbólogos del mundo. Os queremos igual.

El caso es que de este modo hemos conseguido una mayor conciencia de la hoja. Si te acostumbrar a mirar al mundo de esta forma de vez en cuando, es muy posible que lo hagas también cuando estés soñando, y es en este momento cuando pensarás “eh, espera un momento…”

Intenta hacer este ejercicio cuando te encuentres solo y tranquilo. Esperando el autobús por ejemplo, elige un objeto y obsérvalo. No me refiero solo a la vista, deberías utilizar todos tus sentidos, intenta aislarlo del resto del mundo, pon toda tu atención en él. Sí, es algo que puede hacerse disimuladamente, créeme 😀

Reflexiona también sobre su estado vital, el objeto puede ser animado o inanimado. Esto es importante. Durante la vigilia la distinción es clara (¡excluyendo los virus!) pero en los sueños lúcidos las cosas generalmente inanimadas pueden cobrar vida…

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